29.6.10

18.5.10

Shavuot: Cosechar lo sembrado







Shavuot es la época de la cosecha, una de las tres fiestas de peregrinación hacia el templo de Jerusalén, donde se llevaba las ofrendas para D-os, tomando en cuenta que el gran merito de nuestro trabajo estaba primeramente en la bendición de D-s y en nuestro trabajo realizado en segunda estancia.
Shavuot es la fiesta de la entrega de la Tora, por la cual se nos concedió la libertad física, con la salida de Egipto, para adquirirla espiritualmente, con la entrega de la Tora y lograrla completa realmente.

Cuando salimos de Egipto, Hashem proporcionó a cada judío con la fuerza de salir de las limitaciones propias, de liberarse de Egipto-“ Mitzraim-, limitaciones”.
Esa fuerza se consolida y profundiza con la Entrega de la Torá. (Igrot Kodesh tomo 3 pag 39)

Desde ese momento único que se sello en Sinai ,cada judío tiene la posibilidad de trascender lo meramente físico y de impregnarlo de otra dimensión , una espiritual y de esa forma unir cielo y tierra a través de hechos concretos ,físicos, tangibles que tiene la capacidad de producir movimientos en otras esferas, las espirituales, armonizando así la creación.

Quiera D-os seamos capaces de sembrar todo lo bueno que tenemos dentro de nosotros, y así lograr cosechar una vida plena de sentido, de apoyo al prójimo, de ejemplo a nuestros hijos, de ayuda a nuestra comunidad.
Jag sameaj

nelly klein
http://nellyklein.blogspot.com/

17.5.10






Cuarenta y nueve pasos para el refinamiento personal

Hoy, más que nunca, gente de toda clase y modo de vida está en la búsqueda de sentido y propósito...


Algunos buscan respuestas en la meditación. Otros, en libros de autoayuda, terapia, religión, yoga, y filosofías New Age.
Mucha gente, sin embargo, no se da cuenta de que la respuesta más antigua –y más comprobada en el tiempo- nos fue entregada hace más de 3300 años en el Monte Sinaí. Se llama: Torá

Torá significa “instrucción”. Ella y sus historias son, esencia, la historia de nuestras vidas, un plano maestro espiritual que ilumina las intricadas capas y dimensiones de nuestra psiquis y alma. Cada evento en la Torá refleja otro aspecto de nuestra personalidad interior. A través de sus mitzvot –mandamientos-, nos enseña cómo concretar nuestro potencial conforme las intenciones con que Di-s nos creó. Descifrando el código de la Torá, descubrimos su mensaje personal, para nosotros.

EN CADA PALABRA DE LA TORA HAY UN SIGNIFICADO PROFUNDO, PERSONAL Y ESPIRITUAL.
El proceso de recibir la Torá en el Monte Sinaí comenzó en verdad 49 días antes de su entrega, con el Exodo de Egipto. Estos 49 días son tradicionalmente llamados “Sefirat Haomer”, que significa “la Cuenta del Omer”
En Levítico (el tercer libro de la Torá), el versículo (23:15) declara: “Contaréis...desde el día en que habéis traído el Omer como ofrenda cernida...”. El Omer era una medida de cebada (de aproximadamente 2 litros) que los judíos traían como minjá –Ofrenda de la Tarde- el segundo día de Pesaj. A esto le seguía la cuenta del Omer, donde los judíos contaban cada día durante siete semanas –cuarenta y nueve días en total-conducentes a la festividad de Shavuot en el quincuagésimo día, el que también celebra el recibimiento de la Torá en Sinaí.
Aún después de la destrucción del Primer y Segundo Templo al que se traían estas ofrendas, la tradición de contar el Omer continuó. A partir de la segunda noche de Pesaj, cada uno de estos cuarenta y nueve días que enlazan a Pesaj con Shavuot es contado en progresión ordenada.
Al final del rezo vespertino de cada uno de estos cuarenta y nueve días, el judío recita una bendición y luego debe verbalizar el número correspondiente a ese día. Además de conmemorar la cuenta del Omer, los cuarenta y nueve días de la sefirá también expresan el ansioso anhelo del judío por recibir la Torá en Shavuot, cincuenta días después de experimentar la liberación de Pesaj.
¿Cuál es el significado de contar 49 días y como se relaciona con la ansiedad y la preparación para el recibimiento de la Torá? ¿Qué relevancia tiene esta cuenta para nosotros en la actualidad y cómo se aplica esto a la exploración de las dimensiones internas de nuestras almas?
La respuesta a estas preguntas se encuentra en una comprensión más profunda del éxodo de la nación judía de Egipto. La palabra ‘Mitzraim’ (Egipto, en hebreo) significa ‘limitaciones, fronteras’, y representa todas las formas de conformidad y definición que restringen, cohíben e inhiben nuestro libre movimiento y expresión. Así, dejar Egipto significa lograr la libertad de lasa restricciones. Después de abandonar Egipto, los judíos pasaron los siguientes cuarenta y nueve días en el desierto preparándose espiritualmente para la experiencia más monumental de todos los tiempos: la entrega de la Torá a Moisés y a los judíos en el Monte Sinaí.
Este período de cuarenta y nueve días fue de intenso refinamiento de carácter. Por cuarenta y nueve días, los judíos subieron de a un peldaño por vez ascendiendo por la escalera emocional hacia una pureza más elevada. Este período de refinamiento de carácter tiene tanta relevancia en nuestras vidas hoy como lo tuvo hace 3000 años. Tal como fuimos esclavos en Egipto, podemos también ser esclavos de nuestras personalidades, impulsados por fuerzas sobre las cuales muy a menudo parecemos no tener control.
Los cuarenta y nueve días de sefirá nos enseñan cómo recuperar el control de nuestras emociones, mostrándonos cómo refinar nuestro carácter, paso a paso, de una manera basada en las verdades eternas de la Torá.
Después del período de cuarenta y nueve días llegamos al quincuagésimo día, Matán Torá (la entrega de la Torá) habiendo alcanzado plenamente la renovación interior en mérito de haber evaluado y desarrollado cada uno de nuestros cuarenta y nueve atributos emocionales. ¿Cuál es el significado del quincuagésimo día de Matán Torá? En ese día celebramos la Festividad de Shavuot. Luego de haber logrado todo lo que podíamos por propia iniciativa, somos entonces dignos de recibir un regalo (matán) del Altísimo que no hubiéramos podido conseguir con nuestras propias facultades limitadas. Recibimos la habilidad de alcanzar y tocar lo Divino, no sólo para ser seres humanos cultivados que hemos refinado todas nuestras características personales, sino seres humanos divinos capaces de expresarnos por encima y más allá de las limitaciones de nuestro ser.
La cuenta de la sefirá que siguió al éxodo de Egipto es un proceso que debemos re-crear continuamente en nuestras vidas a fin de lograr nuestra libertad personal.

LOS ATRIBUTOS EMOCIONALES DE LA SEFIRA
La palabra hebrea Sefirá tiene varios significados.
El célebre cabalista, el RaMaK (Rabí Moshé Kordovero), en su monumental obra, Pardés, escribe que sefirá significa tanto mispar –número- como sipur –cuento- Una tercera raíz de la palabra sefirá es sapir –safiro- un traslúcido cristal muy brillante.
Contar la sefirá ilumina los diferentes aspectos de nuestra vida emocional. Los días de sefirá nos cuentan una historia –la historia de nuestras almas.
El espectro de la experiencia humana se divide en siete emociones o cualidades, conocidas en plural como sefirot. Cada una de estas siete cualidades, a su vez, se subdivide en siete, haciendo un total de cuarenta y nueve.

CADA DIA TIENE VIDA PROPIA. EL DIA ES UN FLUJO UNICO DE ENERGIA AGUARDANDO SER CANALIZADA DENTRO DE LA FIBRA DEL SER DEL HOMBRE

Cada uno de los cuarenta y nueve días de sefirá ilumina una de las cuarenta y nueve emociones, la energía de cada día consiste en examinar y refinar su correspondiente emoción. Después de perfeccionar y purificar todas las cuarenta y nueve dimensiones, estamos plenamente preparados para Matán Torá, pues ahora estamos sincronizados con los cuarenta y nueve atributos Divinos de los cuales emergen los atributos humanos.
La siguiente es una descripción de los siete atributos emocionales, los cuales, en varias combinaciones constituyen las cuarenta y nueve cualidades a ser examinadas y desarrolladas durante este período. Lo que sigue ofrece sólo una de las tantas aplicaciones.

JESED: Amor, benevolencia
GUEVURA: Justicia, disciplina, restricción, temor.
TIFERET: Belleza y armonía, compasión
NETZAJ: Persistencia, fortaleza, ambición
HOD: Humildad, esplendor
IESOD: Cohesión, fundamento
MALJUT: Nobleza, soberanía, liderazgo.

El período de cuarenta y nueve días de la sefirá es contado en días y semanas. Los siete días de cada una de las siete semanas constituyen los cuarenta y nueve días. Cada semana está representada por un atributo específico, y cada día dentro de esa semana está representado por un aspecto de dicho atributo. Dado que el funcionamiento completo de cada emoción es multidimensional, incluye dentro de sí una combinación de todos los siete atributos.

Por ejemplo: la primera semana de la sefirá está dedicada a Jésed –el atributo de amor. En el Primer Día de la Primera Semana nos concentramos en Jésed de Jésed –el aspecto de amor dentro del amor. En el Segundo Día de la Primera Semana centramos la mira en Guevurá de Jésed-el aspecto restricción en el amor. En el Tercer Día de la Primera Semana, el foco es puesto en Tiferet de Jésed –la armonía en el amor, y así sucesivamente para los siete días de la semana.
Este análisis día por día te dará la habilidad de retrotraerte y dar una mirada objetiva a tus emociones subjetivas. El observar sus puntos fuertes y débiles te posibilitará, a su vez, dedicarte al desarrollo y perfeccionamiento de estos sentimientos.

http://www.jabad.org.ar/notasdetail.asp?nota=si&idnota=133

28.4.10

Trabajamos,jugamos y aprendemos

27.4.10

Actividades realizadas de pesaj

24.3.10

maternal y la hagada

Más alla de la busqueda del Jametz




Al estar en los días previos a Pesaj, nos encontramos abocados a la limpieza del hogar para erradicar de él todo vestigio de jametz. Durante los ocho días de Pesaj, no sólo se nos prohibe comerlo sino que también tenemos prohibido ver o siquiera tener la más mínima cantidad del mismo en nuestra posesión. Más allá de la búsqueda del jametz, nos habla de las propias características de jametz y matzá en nuestro servicio Divino.


Nuestra historia está llena de relatos de martirio judío. Desde los días del Patriarca Abraham, la lealtad judía ha sido puesta a prueba continuamente, y se ha mantenido en alto repetidamente.
Sin embargo, la Torá no pretende convertirnos en mártires. “Y vivirás por ellas”, dice la Torá hablando de las Mitzvot. Las leyes que demandan ser sostenidas aún con el costo de la vida misma son apenas tres. Y con todo, abundan las historias de judíos que amaron las mitzvot más que sus propias vidas, más allá del llamado de la letra de la ley.
Esta devoción es ilustrada vívidamente por las historias de judíos que en prisiones rusas bregaron a toda costa por evitar comer jametz en Pesaj.
El judío encarcelado en un gulag soviético compartió con sus hermanos y hermanas una casi patológica repugnancia por el jametz en Pesaj, un sentimiento que ha sido parte de la psiquis judía desde tiempos inmemoriales.
Pero, ¿no está permitido acaso comer jametz en Pesaj bajo una situación que amenaza la vida?
Desde luego que sí. Y arreglárselas sin los bocados de burdo pan que constituían el menú exclusivo en las prisiones rusas, significaba ciertamente el peligro de morir de hambre. No obstante, para muchos judíos, el mero pensamiento de comer jametz en Pesaj era, y aún lo es, más detestable que la muerte misma.
¿Qué yace en la raíz de semejante repugnancia al aparentemente inocuo producto que es enteramente permisible el resto del año? ¿Por qué tamaña aversión al alimento que se comerá una vez más, con gusto, tan pronto como finalice Pesaj?
Sin duda, esta antipatía está, al menos en parte, arraigada en el esfuerzo casi fanático de la Torá de libertar no solamente al estómago judío sino también al hogar judío de todo vestigio de jametz en Pesaj; Podríamos hacer esta misma pregunta a la Torá. ¿qué tiene el jametz en Pesaj como para obligar a la Torá a tomar medidas estrictas y requerir el castigo de karet –la excisión espiritual- para aquel que come jametz en Pesaj?
La prohibición de jametz en Pesaj no existe en vano. Se relaciona directamente con la ordenanza de comer Matzá en Pesaj. ¿Y qué es Matzá? Masa a la que no se le ha permitido alzarse y llegar a leudar, es decir, pan al que se le ha impedido que se vuelva jametz.
Jametz y matzá son, así, antitéticos; el jametz proclama la negación de matzá y la matzá declara la ausencia de jametz.
Al analizar la diferencia básica entre jametz y matzá podremos decir, así, lo siguiente: jametz y matzá difieren a causa de los aspectos duales de “tiempo” y “leudado”. La masa a la que se le permite el tiempo necesario para elevarse y llegar a leudar, es jametz; aparta los elementos de “tiempo” y “leudado”, y tendrás matzá.
El mandamiento de comer matzá y la ordenanza de abstenerse de jametz está, por supuesto, directamente relacionados con el Exodo de Egipto, momento en el cual se ordenó al pueblo judío comer Matzá y abstenerse de jametz.
El Exodo del pueblo judío de Egipto fue un momento crucial en nuestra historia, pues los judíos fueron entonces no solamente liberados de la esclavitud física, sino que, más importante aún, lograron entonces el estado de nación.
La partida de los judíos de Egipto, sin embargo, sólo constituyó la etapa inicial del nacimiento de los judíos como nación; la culminación de su nacimiento como tal sobrevino cuando recibieron la Torá, como está escrito: “cuando saques a la nación de Egipto, ellos servirán a Di-s sobre este monte (Sinaí)”.
Pues, a diferencia de lo que sucede en otras naciones, el nacionalismo judío está inexorablemente entretejido con el convertirse en una nación espiritual, una nación de Torá. Por eso dijo Di-s al pueblo judío cuando les dio la Torá: “Y seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa”, es decir, una nación que sirve a Di-s conforme lo dictamina la Torá, pues el servicio Divino es parte integral del judío como pueblo.
El propósito del Exodo fue, así, transformar una masa de individuos independientes en una totalidad espiritual colectiva, es decir, transformar a gente cuya preocupación mayor hasta ese momento se centraba en su propia personalidad, en una entidad que se ocupe no solamente de aquellos otros además de sí mismos, sino también que se dedique a lograr un estado mucho más excelso que el de sus personalidades colectivas: volverse una nación santa.
Para que el judío pueda alzarse por encima de su propia personalidad independiente y fusionarse en la totalidad mayor para volverse parte de una nación, fue necesario que adquiriera el atributo de la abnegación, la anulación de su propia personalidad independiente.
Este atributo era particularmente necesario puesto que el estado de nación asumido por el pueblo judío era algo mucho mayor que el de meramente convertirse en la suma de sus partes: éste no era simplemente un grupo de individuos que se agrupaban y se convertían en una nación; era una transformación radical de individuos que se transformaban en un pueblo espiritual y santo. Lograrlo, requirió no solamente la subordinación del individuo al grupo, sino también la del individuo de Di-s.
Una de las diferencias fundamentales entre lo espiritual y lo temporal es que lo primero trasciende los límites del tiempo, mientras que lo segundo está limitado por entero a esta estructura –el tiempo- y opera totalmente dentro de él.
Para que el pueblo judío pueda lograr el pleno beneficio del Exodo –convertirse en una nación santa- tenía que adquirir no solamente la característica de abnegación que le permitiera trascender su propio sentido de Yo, sino también el atributo de poder alzarse por encima de las limitaciones del tiempo, posibilitándole existir dentro de la estructura eterna y espiritual de Di-s como se dispone en la Torá.
A ello se debe que la partida de Egipto tuviera lugar con tanta premura –“ellos no podían demorarse”, como destaca el texto bíblico- pues trascender lo temporal y escalar al dominio espiritual del infinito es el tema preeminente del Exodo.
Al fin de ayudar a los judíos a lograr este sublime estado, Di-s les ordenó en el tiempo de Exodo, abstenerse de jametz y comer matzá. Similarmente, a fin de que nosotros revivamos y volvamos a experimentar el Exodo durante Pesaj, se nos requiere evitar todo contacto con el jametz y se nos ordena comer matzá. Pues el jametz, con su característica de leudar e inflarse con aire caliente, es símbolo definitivo de la altanería del ego y la importancia atribuida a la personalidad propia, la antítesis misma de la humildad y la anulación personal que es tan central al Exodo y a Pesaj.
Además, el jametz, resultando como lo es del hecho de permitir que la masa permanezca estática por un prolongado período de tiempo, es indicativo de la inmersión en lo temporal.
Como tal, está en marcado contraste con el tema de Pesaj, elevarse por encima del tiempo y escalar a lo verdaderamente espiritual y santo.
La matzá por su parte, es el alimento perfecto de Pesaj, pues su forma chata, su simplicidad y “carencia de aire”, junto a su producción rápida, simboliza la perfección de los temas duales de anulación de la personalidad propia y trascendencia por encima de los lazos de la temporalidad.
Pesaj, con su mandamiento concomitante de comer matzá, es, así, el tiempo en el que los judíos, tanto individual como también colectivamente, revelan la cualidad esencial de su persona judía y el estado de nación que anula su personalidad independiente del Yo, y la trascendencia de lo corpóreo en procura de lo Divino.
Puesto que la realización y el logro de estas dos características son centrales a la conducta del judío no solamente en Pesaj sino durante el año entero, se desprende de ello que cualquier cosa que obstaculice su expresión debe ser totalmente erradicada y desterrada.
Porque Jametz es tan contrario a este concepto, el espíritu y tema de Pesaj, que a los judíos no solamente se les exige abstenerse de comer jametz, sino que también se les prohibe siquiera poseer la más ínfima cantidad de éste durante los días que dura toda la festividad.

http://www.jabad.org.ar/notasdetail.asp?idnota=174

10.3.10

PURIM SAMEAJ

¿Está mi hijo preparado para dejar los pañales?






¿Está mi hijo preparado para dejar los pañales?

Alrededor de los 2 años de edad, el niño se encuentra en un momento evolutivo en el que va dejando atrás la etapa en la que depende casi absolutamente de su madre. Antes de los 2 años es ella quien decide la mayoría de las situaciones por él. Es la mamá quien piensa cuando un bebé llora, si será que tiene hambre, si tiene frío, si está cansado de estar en la misma posición o, si será que está incómodo por estar hecho pipí o pupú. Le corresponde a la madre darse cuenta de lo que expresa su hijo con sus pocas palabras aún y con su lenguaje no verbal.

A medida que el bebé va creciendo va pudiendo hablar con palabras y va intentando controlar, sanamente, momentos de su vida que antes no estaban bajo su dominio. (Si no es un control sano, aparece la tendencia a tiranizar la relación con la madre, en cuyo caso, debe pensarse qué es lo que está generando esa situación para hacer los cambios necesarios a tiempo). Este momento del desarrollo es muy importante y debe permitirse, ya que son las bases de la independencia, autoafirmación y del autocontrol de esa personita en crecimiento. Claro está, no son momentos fáciles para los padres, ya que el chiquito empieza a probar los límites y a querer definir su campo de acción y decisión. Tienden a suceder confrontaciones o ‘luchas de poder’ entre padres e hijos, así como medidas represivas, sin embargo, son poco efectivas y terminan siendo dañinas tanto para los padres, como para los hijos y para la relación entre ambos. Es por esto, que ambos padres deben estar de acuerdo en qué, cómo y cuándo limitar, con firmeza y con amor, ambos aspectos en equilibrio. Comprenderlo e invitar al niño a respetar la norma, mostrándole la realidad y los límites sanos e indispensables para su desarrollo, de manera de ir encauzando la fuerza de vida del hijo sin coartarlo, ni perturbar su naciente autonomía motora y mental.

En esta fase del desarrollo los logros a nivel de motricidad gruesa y fina son importantes, esto le permite tener una mayor capacidad de movimientos, lo que le proporciona placer, gracias a la descarga de energía y al dominio que percibe en sí mismo. De esta mayor autonomía y posibilidad de control muscular, deriva la disposición a retener la orina y las heces, hasta depositarlas en el sitio apropiado para ello, a esto se le llama, el control de esfínteres.

El aspecto psicológico del control de esfínteres es muy importante en el desarrollo emocional del ser humano. Cuando el control es adquirido a través de un proceso de participación e interés por parte del niño en su propio proceso, se da la oportunidad para él de hacerse responsable de un aspecto de sí mismo. Implica, no sólo biológicamente, sino, mentalmente, la posibilidad de contenerse hasta depositar en el lugar indicado los desechos, palabras o acciones de la propia persona. Cuando esto no se logra, la persona es incapaz de contenerse, y tiende a actuar impulsivamente, y sin pensar, pudiendo en ocasiones ‘atropellar’ a otros o a sí mismo, como equivalente de “hacerse encima de otros o encima de sí mismo” situaciones ambas que denotan descontrol y generalmente un aspecto agresivo que no ha podido comprenderse, ni manejarse adecuadamente.


Aspectos a pensar para un sano control de esfínteres y prevención de la enuresis (pérdida del control del esfínter vesical) y encopresis (pérdida del control del esfínter anal):

* Tratar de asegurar una relación madre-hijo suficientemente buena, así como un ambiente familiar sano en el que se permita la expresión del afecto amoroso y de la agresión de manera no destructiva.

* Respetar las fases de la maduración neuromuscular. Por lo que es aconsejable iniciar el control de esfínteres después de haber cumplido los 2 años de edad, a menos que el mismo niño comience a querer quitarse el pañal antes y dé muestras de poder iniciarse en el proceso.

* Se sugiere empezar por el control anal (pupú), luego seguir con el vesical diurno (pipí de día) y después por el nocturno (pipí de noche). Todo este proceso bien puede durar desde los dos años hasta los 4-5 años. Lo importante es que el adulto a cargo (abuela, mamá, maestra), confíe en el desarrollo evolutivo de ese niño y no lo apresure, pero tampoco lo retrase en su necesidad de crecimiento, autonomía y autocontrol.

* El aprendizaje lo debe realizar la persona que tiene una mejor relación afectiva con el niño y que ya esté ocupada de la mayor parte de sus necesidades, apoyada por la maestra del maternal, lugar donde el pequeño ya pasa varias horas del día.

* Evitar la sobreestimulación sexual. Esto implica: separar tempranamente al niño de la habitación parental, evitar que el niño vea a los padres desnudos o en ropa interior, evitar el exceso de aseo y manipulación de los genitales del niño por parte de los adultos y cuidar de no mantener la estimulación anal con los niños de difícil evacuación.

* La actitud debe ser de tolerancia frente a las dificultades en el control de esfínteres y debe graduarse la exigencia de limpieza hasta lograrla, de acuerdo a las reacciones emocionales del niño, pero manteniendo una exigencia estable. Esto quiere decir que si el niño falla en sus intentos, no hay que humillarlo o castigarlo. Debe elogiarse, en cambio, cada uno de sus logros, sin hacer de esto último un exceso, como dar regalos, por ejemplo.

* Siempre debe focalizarse en las ventajas que tiene el mismo niño al controlar sus esfínteres de sentirse más cómodo y limpio sin el pañal y más liviano y descargado después de hacer pipí o pupú. Además del reconocimiento de ser más grande por estar logrando el control de sus esfínteres.


Pasos para un adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje del control de esfínteres:

- Enseñar la asociación mental de la sensación corporal de deseos de orinar o evacuar con la palabra “pipí” o “pupú”. Por ejemplo: “¿Te duele la barriga? Eso es ganas de hacer pupú”, o “estas moviéndote mucho, ¿tienes ganas de hacer pipí?

- Comprar el vasito o bacinilla y/o reductor de poceta y enseñarlo al niño. Si se elige el reductor de poceta debe pensarse en un banquito que permita al niño subir hasta la poceta y poder sentirse seguro sentado apoyando sus pies en el banco.

- Estimular al niño para que se siente en el vaso o en la poceta primero vestido y
luego sin pañales para que se acostumbre a ella, pero sin pedir nada todavía.

- Ponerle pantaletas o interiores estimulando su crecimiento y la cercanía al mundo de los mayores: “como papá ó como tu hermana grande”. Mientras inicia este proceso, pueden usarse para salidas de fines de semana o para lugares donde no es fácil el acceso al baño, los “pull-ups” o pañales que ellos mismos pueden subirse y bajarse.

- No es necesario que el niño vea al papá, en caso del varón o a la mamá, en caso de la niña haciendo pipí para que aprenda. Este es un conocimiento que se puede enseñar sin mostrarlo. En todo caso, ya tendrán en el maternal, la oportunidad de ver otros niños y niñas en el mismo proceso, lo que es más sano ya que las dimensiones de los genitales y cuerpo desnudo son las mismas por tratarse de compañeros.

- No perseguir al niño para que haga pipí en el vasito, ni “atajar” su orina, ya que en este caso es la madre la que está siendo controlada por el niño y no el niño el que aprende a controlarse. El contenido de la bacinilla o del pañal, en el caso de pupú, deben ser desechados en la poceta, diciendo al niño que las heces y la orina van en la poceta.

- Confiar en la capacidad del niño para percibir sus deseos de orinar y acudir inmediatamente a su llamado, de forma de evitar “accidentes” que no serían responsabilidad del niño.

-Muchos niños temen hacer sus necesidades en la poceta por miedo a ser “tragados” por la misma o de caer en el agua de la poceta. Para manejar esto, es muy importante que el niño se sienta seguro con su reductor y banco. Además, el adulto puede darle una mano, si así lo desea o sentarse al lado de él a contarle cuentos o a conversar mientras su cuerpo se acostumbra a hacer sus necesidades en la poceta sin ansiedad, ni miedo.

-También se sugiere que el niño pueda “despedirse” de sus productos, el pupú o el pipí. Por lo que, una vez que termine, se baja de la poceta y ya seguro en el piso, baja el agua y se “despide” de sus desechos. Lo que sucede es que para el niño no son desechos, sino sus primeros productos o producciones que provienen de si mismo. Luego, vendrán otras, como trabajos en el maternal, logros académicos, pero estas primeras producciones deben ser recibidas por la madre con respeto y amor.

---DE ESTE MODO EXISTE MAYOR PROBABILIDAD DE LOGRAR EL CONTROL DE ESFÍNTERES EN UN CORTO TIEMPO Y EN FORMA PERMANENTE---

Quisiera mencionar para finalizar, que si apareciera pérdida del control de esfínteres, es decir, si el niño una vez que aprende a hacer en la poceta sus necesidades, comienza de nuevo a “hacerse encima” pupú o pipí, debe ser llevado en principio al Pediatra para descartar cualquier problema médico y luego al Psicólogo para intentar conocer la causa de este hecho y las recomendaciones pertinentes.

Es primordial PREVENIR Y ATENDER la pérdida del control de esfínteres y no “DEJARLA DESAPARECER”, ya que no se cura, sólo cambia de forma. En la adolescencia, suelen aparecer en su lugar masturbación compulsiva o trastornos del sueño que pueden dar paso más adelante, en el adulto, a trastornos sexuales. El tratamiento temprano es importante, antes de que la “curación espontánea” complique el cuadro.

Sandra Bear
Psicólogo de la Salud -Psicoanalista.
Correo: sandrabearkaufman@gmail.com