
¿Está mi hijo preparado para dejar los pañales?
Alrededor de los 2 años de edad, el niño se encuentra en un momento evolutivo en el que va dejando atrás la etapa en la que depende casi absolutamente de su madre. Antes de los 2 años es ella quien decide la mayoría de las situaciones por él. Es la mamá quien piensa cuando un bebé llora, si será que tiene hambre, si tiene frío, si está cansado de estar en la misma posición o, si será que está incómodo por estar hecho pipí o pupú. Le corresponde a la madre darse cuenta de lo que expresa su hijo con sus pocas palabras aún y con su lenguaje no verbal.
A medida que el bebé va creciendo va pudiendo hablar con palabras y va intentando controlar, sanamente, momentos de su vida que antes no estaban bajo su dominio. (Si no es un control sano, aparece la tendencia a tiranizar la relación con la madre, en cuyo caso, debe pensarse qué es lo que está generando esa situación para hacer los cambios necesarios a tiempo). Este momento del desarrollo es muy importante y debe permitirse, ya que son las bases de la independencia, autoafirmación y del autocontrol de esa personita en crecimiento. Claro está, no son momentos fáciles para los padres, ya que el chiquito empieza a probar los límites y a querer definir su campo de acción y decisión. Tienden a suceder confrontaciones o ‘luchas de poder’ entre padres e hijos, así como medidas represivas, sin embargo, son poco efectivas y terminan siendo dañinas tanto para los padres, como para los hijos y para la relación entre ambos. Es por esto, que ambos padres deben estar de acuerdo en qué, cómo y cuándo limitar, con firmeza y con amor, ambos aspectos en equilibrio. Comprenderlo e invitar al niño a respetar la norma, mostrándole la realidad y los límites sanos e indispensables para su desarrollo, de manera de ir encauzando la fuerza de vida del hijo sin coartarlo, ni perturbar su naciente autonomía motora y mental.
En esta fase del desarrollo los logros a nivel de motricidad gruesa y fina son importantes, esto le permite tener una mayor capacidad de movimientos, lo que le proporciona placer, gracias a la descarga de energía y al dominio que percibe en sí mismo. De esta mayor autonomía y posibilidad de control muscular, deriva la disposición a retener la orina y las heces, hasta depositarlas en el sitio apropiado para ello, a esto se le llama, el control de esfínteres.
El aspecto psicológico del control de esfínteres es muy importante en el desarrollo emocional del ser humano. Cuando el control es adquirido a través de un proceso de participación e interés por parte del niño en su propio proceso, se da la oportunidad para él de hacerse responsable de un aspecto de sí mismo. Implica, no sólo biológicamente, sino, mentalmente, la posibilidad de contenerse hasta depositar en el lugar indicado los desechos, palabras o acciones de la propia persona. Cuando esto no se logra, la persona es incapaz de contenerse, y tiende a actuar impulsivamente, y sin pensar, pudiendo en ocasiones ‘atropellar’ a otros o a sí mismo, como equivalente de “hacerse encima de otros o encima de sí mismo” situaciones ambas que denotan descontrol y generalmente un aspecto agresivo que no ha podido comprenderse, ni manejarse adecuadamente.
Aspectos a pensar para un sano control de esfínteres y prevención de la enuresis (pérdida del control del esfínter vesical) y encopresis (pérdida del control del esfínter anal):
* Tratar de asegurar una relación madre-hijo suficientemente buena, así como un ambiente familiar sano en el que se permita la expresión del afecto amoroso y de la agresión de manera no destructiva.
* Respetar las fases de la maduración neuromuscular. Por lo que es aconsejable iniciar el control de esfínteres después de haber cumplido los 2 años de edad, a menos que el mismo niño comience a querer quitarse el pañal antes y dé muestras de poder iniciarse en el proceso.
* Se sugiere empezar por el control anal (pupú), luego seguir con el vesical diurno (pipí de día) y después por el nocturno (pipí de noche). Todo este proceso bien puede durar desde los dos años hasta los 4-5 años. Lo importante es que el adulto a cargo (abuela, mamá, maestra), confíe en el desarrollo evolutivo de ese niño y no lo apresure, pero tampoco lo retrase en su necesidad de crecimiento, autonomía y autocontrol.
* El aprendizaje lo debe realizar la persona que tiene una mejor relación afectiva con el niño y que ya esté ocupada de la mayor parte de sus necesidades, apoyada por la maestra del maternal, lugar donde el pequeño ya pasa varias horas del día.
* Evitar la sobreestimulación sexual. Esto implica: separar tempranamente al niño de la habitación parental, evitar que el niño vea a los padres desnudos o en ropa interior, evitar el exceso de aseo y manipulación de los genitales del niño por parte de los adultos y cuidar de no mantener la estimulación anal con los niños de difícil evacuación.
* La actitud debe ser de tolerancia frente a las dificultades en el control de esfínteres y debe graduarse la exigencia de limpieza hasta lograrla, de acuerdo a las reacciones emocionales del niño, pero manteniendo una exigencia estable. Esto quiere decir que si el niño falla en sus intentos, no hay que humillarlo o castigarlo. Debe elogiarse, en cambio, cada uno de sus logros, sin hacer de esto último un exceso, como dar regalos, por ejemplo.
* Siempre debe focalizarse en las ventajas que tiene el mismo niño al controlar sus esfínteres de sentirse más cómodo y limpio sin el pañal y más liviano y descargado después de hacer pipí o pupú. Además del reconocimiento de ser más grande por estar logrando el control de sus esfínteres.
Pasos para un adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje del control de esfínteres:
- Enseñar la asociación mental de la sensación corporal de deseos de orinar o evacuar con la palabra “pipí” o “pupú”. Por ejemplo: “¿Te duele la barriga? Eso es ganas de hacer pupú”, o “estas moviéndote mucho, ¿tienes ganas de hacer pipí?
- Comprar el vasito o bacinilla y/o reductor de poceta y enseñarlo al niño. Si se elige el reductor de poceta debe pensarse en un banquito que permita al niño subir hasta la poceta y poder sentirse seguro sentado apoyando sus pies en el banco.
- Estimular al niño para que se siente en el vaso o en la poceta primero vestido y
luego sin pañales para que se acostumbre a ella, pero sin pedir nada todavía.
- Ponerle pantaletas o interiores estimulando su crecimiento y la cercanía al mundo de los mayores: “como papá ó como tu hermana grande”. Mientras inicia este proceso, pueden usarse para salidas de fines de semana o para lugares donde no es fácil el acceso al baño, los “pull-ups” o pañales que ellos mismos pueden subirse y bajarse.
- No es necesario que el niño vea al papá, en caso del varón o a la mamá, en caso de la niña haciendo pipí para que aprenda. Este es un conocimiento que se puede enseñar sin mostrarlo. En todo caso, ya tendrán en el maternal, la oportunidad de ver otros niños y niñas en el mismo proceso, lo que es más sano ya que las dimensiones de los genitales y cuerpo desnudo son las mismas por tratarse de compañeros.
- No perseguir al niño para que haga pipí en el vasito, ni “atajar” su orina, ya que en este caso es la madre la que está siendo controlada por el niño y no el niño el que aprende a controlarse. El contenido de la bacinilla o del pañal, en el caso de pupú, deben ser desechados en la poceta, diciendo al niño que las heces y la orina van en la poceta.
- Confiar en la capacidad del niño para percibir sus deseos de orinar y acudir inmediatamente a su llamado, de forma de evitar “accidentes” que no serían responsabilidad del niño.
-Muchos niños temen hacer sus necesidades en la poceta por miedo a ser “tragados” por la misma o de caer en el agua de la poceta. Para manejar esto, es muy importante que el niño se sienta seguro con su reductor y banco. Además, el adulto puede darle una mano, si así lo desea o sentarse al lado de él a contarle cuentos o a conversar mientras su cuerpo se acostumbra a hacer sus necesidades en la poceta sin ansiedad, ni miedo.
-También se sugiere que el niño pueda “despedirse” de sus productos, el pupú o el pipí. Por lo que, una vez que termine, se baja de la poceta y ya seguro en el piso, baja el agua y se “despide” de sus desechos. Lo que sucede es que para el niño no son desechos, sino sus primeros productos o producciones que provienen de si mismo. Luego, vendrán otras, como trabajos en el maternal, logros académicos, pero estas primeras producciones deben ser recibidas por la madre con respeto y amor.
---DE ESTE MODO EXISTE MAYOR PROBABILIDAD DE LOGRAR EL CONTROL DE ESFÍNTERES EN UN CORTO TIEMPO Y EN FORMA PERMANENTE---
Quisiera mencionar para finalizar, que si apareciera pérdida del control de esfínteres, es decir, si el niño una vez que aprende a hacer en la poceta sus necesidades, comienza de nuevo a “hacerse encima” pupú o pipí, debe ser llevado en principio al Pediatra para descartar cualquier problema médico y luego al Psicólogo para intentar conocer la causa de este hecho y las recomendaciones pertinentes.
Es primordial PREVENIR Y ATENDER la pérdida del control de esfínteres y no “DEJARLA DESAPARECER”, ya que no se cura, sólo cambia de forma. En la adolescencia, suelen aparecer en su lugar masturbación compulsiva o trastornos del sueño que pueden dar paso más adelante, en el adulto, a trastornos sexuales. El tratamiento temprano es importante, antes de que la “curación espontánea” complique el cuadro.
Sandra Bear
Psicólogo de la Salud -Psicoanalista.
Correo: sandrabearkaufman@gmail.com